miércoles, 17 de noviembre de 2010

Ojo de gato 25-05-09

Levantando la cabeza mientras camino, en busca de la forma más sencilla de trepar a una azotea... (ajá a ver al perro) me encuentro en dos diferentes lugares con discos de vialidad que prohiben levantar el vuelo, o quizá subir a la azotea, (si es esto último pues ni hablar, he roto la regla varias veces).
Es de por sí muy complicado juntar el valor suficiente, las ganas necesarias y los motivos adecuados para poder iniciar un ascenso como para que encima te topes con un inexplicable freno por ley.
Cada vez es menos común ver volar, las aves lo hacen porque no les queda de otra, se quemarían sus patas o se rostizarían en el pavimento que es cada vez más caliente, por eso buscan aire, porque no traen aire acondicionado integrado. Yo me las topo en las azoteas muy seguido, pero al verme obviamente huyen, saben bien que no las necesito rostizadas para poder cazarlas y comerlas...
Pero aparte de ellas, y los insectos que no me agradan del todo, casi nadie vuela ya... El temor es grande, no saben si podrán mantenerse separados de la tierra, o si de pronto les ganará la emoción, a la gente no le gusta alzar el vuelo, prefieren la seguridad (ajá) de ir por la calle, de sentir que no pueden caer más abajo de donde ya están (... a menos que haya un terremoto y entonces sí, trágame tierra... literal).
Yo me paro muy seguido en el filo de la azotea, me asomo hacia abajo y pienso en la posibilidad de intentarlo, una vez lo hice, por unos cuantos segundos, la sensación es muy placentera, pero pensé que no tenía caso seguir.
Desde entonces sólo me paro en la azotea y veo a las aves, pienso en lanzarme sobre ellas y perseguirlas, me pregunto que pensarán los demás al verme volando encima de sus cabezas haciendo las garras hacia adelante, tirando zarpazos, tratando de ir cada vez más rápido tras la presa... quizá por eso lo prohibieron...



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