jueves, 4 de noviembre de 2010

Ojo de gato 18-05-09





Libertad de expresión... tan peleada, tan discutida, donde todo mundo quiere tener algo que decir y todo mundo quiere decir que tiene algo (sobre todo ahora que tener es más dificil que decir y que cualquiera dice toda sarta de tonterías...)

Hippies, Yuppies, Punkies, Emmoies, Darkies, Gothies... todos luchando por un espacio para decir.

Días internacionales, manifestaciones, programas de radio y (... sí, adivinaron...) tele, películas que resaltan que la minoría es lo de hoy, que ser alternativo está de moda (por más contradictorio que suene), gobalifóbicos que se ponen de acuerdo por Internet (ajá... la red global de comunicación más grande que existe... sí, dije bien GLOBAL... ahí les sale la filia), ex-comunistas con puestos en las cámaras legislativas, pobres niños sin amor, hey pa' fuiste pachuco y todos los etcéteras que se les ocurran...

¿Y si alguien, con su libertad de expresión, decide expresar que no le gustan las minorías? De seguro comenzarían a decirle que no debe decir eso... que está creando un crimen de odio... que cómo es posible que a estas alturas... que qué se cree para decir eso... pero, ¿no sería entonces también libre de expresarlo, no se estará convirtiendo en minoría, no deberíamos protegerlo de la horda de ataques que se vendrán en su contra?

Pero bueno, el gato se encontró en su andar por la calle un par de valientes que haciendo uso de su libertad de expresión, se atrevieron a decir lo que piensan y a pedirles a otros que no piensen, o hagan pues... Un aplauso con mis garritas felinas a este par de próceres y mártires de la expresión...

Nota 1: Si alguien quiere expresar algo acerca de esto, siéntase libre de hacerlo... total (sólo acuérdense que tampoco son ensayos serios y listos para pasar a la historia, así que no se vayan a poner puristas)
Nota 2: Si quieren pasar los ojos de gato a alguien más (éste o los anteriores), háganlo con confianza... aprovechen que no he puesto copyright... (no esperen, olviden lo del copyright por lo menos digan mi nombre).

Abrazos cada vez menos virulentos... quesque disque.



Javier Grajeda Sandoval

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