sábado, 31 de diciembre de 2011

Ojo de gato 24-09-09




"A mí lo mugroso se me quita bañándome, pero a usted lo fea ni con chochos", "Ps seré muy pobre, pero con mucho corazón", "Ps a lo mejor yo soy maleducado y corriente, pero usted es un amargado"...

Podemos justificar de mil formas nuestra condición embarrándole al otro la suya en la cara. Podemos aceptar que tal vez no pertenecemos a determinada elite y que por ello no gozamos de ciertos privilegios.

Podemos por ejemplo decir que no tenemos tarjeta de cliente frecuente en el cine aunque nos arriesguemos a que nos vendan palomitas como si las estuvieramos pidiendo fiadas o que nos formen en una fila junto (o quizá ya pronto dentro de) el baño mientras que los que reservaron con su tarjeta están casi en mecedoras esperando que habrán la unifila y puedan entrar a ganar lugares, claro que los demás tendremos que entrar a una sala llena y conformarnos con estar en la fila de adelante y tratar de leer los subtitulos como si fuera braille de tan cerca.

Pero claro que eso sólo son algunos ejemplitos, puede haber miles de ellos, desde ser clientes frecuentes en una clínica de uñas enterradas, o llegar a un bar y que te pregunten "lo mismo de siempre?", que peor sería llegar a un hotel con tu esposa y que te dijeran "el mismo cuarto de siempre?", ante su mirada asesina que te recuerda que con ella es la primera vez que vas ahí.

Buenos, pues les dejo dos ejemplos de foto de lo privilegiados que deben sentirse los dos grupos de elegidos a quienes se hace referencia.

El primero porque con el sólo hecho de comprar ahí pueden dejar de ser groseros y maleducados, cosa que algunas personas tardan años en cultivar y ni así pueden.

Y el segundo porque basta sólo con creer en esa parroquia para ser eximido de andar buscando como loco un lugar donde dejar el auto sin que un "viene viene" nos quiera vacunar con unas (muchas) monedas, o que vaya a ser víctima de un "roba tapones" de los antes citados.

Saludos a todos, y digo, de vez en cuando digan si por lo menos extrañaban la lecturita.
Por cierto, no abandonen el cubil del felino, él sigue maullando "inculteces"
http://gatoinculto.blogspot.com/


jueves, 29 de diciembre de 2011

Ojo de gato 06-08-09


Alguna vez leí (aunque parezca un aburrido lectorcillo)... o me contaron (para parecer una persona más social que un aburrido lectorcillo)... o mejor aún, vi en una película de la tele (para no parecer ni aburrido lectorcillo ni chismoso que habla con todo mundo)... o mejor todavía, soñé (para no parecer ni aburrido lectorcillo, ni chismoso que habla con todo mundo, ni ocioso que sólo se la pasa sentado frente a la tele)... o, da lo mismo la verdad...

Igual, me enteré de alguna manera, que en algunas civilizaciones antiguas, se comían a sus seres queridos cuando morían, sobre todo el corazón y el cerebro, eran repartidos entre los más allegados, ésto para conservar su inteligencia y emociones... sus dones más preciados en vida...

Podríamos ponernos a pensar cómo habría sido continuar con estos rituales hoy en día...

¿Quién se apuntaría a comerse el cerebro de alguien que toda su vida tuvo poco interés en ejercitar su intelecto...?digamos alguien que en su vida no quiso saber más allá de la tabla del dos sin una calculadora en la mano (pedir que usara ábaco ya eran palabras mayores)... o que prefería "ver la película" (y si era doblada mucho mejor) que leer el libro... y bueno si quería enterarse de la Biblia se hacía fan de Charlton Heston, aunque terminara confundiendo "El planeta de los simios" o "Green Soilent" con "Los diez mandamientos".

O quizá el corazón del tío que se casó tantas veces que definitivamente las emociones contenidas en esa víscera cardíaca alcanzarían para alimentar a todos aquellos que se acercaran a su funeral.

Cómo escogeríamos a quién comernos y a quién mejor cremar y después decir que se nos pasó de tueste y no alcanzamos a servirnos ni un bocadillo.

Si lo hicieramos eligiendo al que tenía más cualidades como hacían los Aztecas con sus prisioneros al comer a los buenos guerreros para quedarse con su fuerza, pues quizá la verdad seguiríamos solamente con café y galletas en los rituales del adiós.

Cómo entonces decidir, a quien amar y dejar descansar y a quién comernos...?

Bueno, si me presentan tantísimas cualidades de alguien, estoy seguro que yo sí me apunto por lo menos a probar un poquito, nomás para ver qué me quedo...

Y siguiendo esa idea... si hago caso al cartel siguiente, me sigo comiendo a los pollos con muchísimo gusto... los gatos, ya sabemos que aparte de incultos no tienen mayor gracia... espero...

P.D. Gracias a Vonn por esta foto que me regaló de una parte de su travesía terrestre. Besos amor.

Lléguenle con el gato inculto, no lo dejen solo porque se aburre...

http://gatoinculto.blogspot.com/
Javier Grajeda Sandoval