"A mí lo mugroso se me quita bañándome, pero a usted lo fea ni con chochos", "Ps seré muy pobre, pero con mucho corazón", "Ps a lo mejor yo soy maleducado y corriente, pero usted es un amargado"...
Podemos justificar de mil formas nuestra condición embarrándole al otro la suya en la cara. Podemos aceptar que tal vez no pertenecemos a determinada elite y que por ello no gozamos de ciertos privilegios.
Podemos por ejemplo decir que no tenemos tarjeta de cliente frecuente en el cine aunque nos arriesguemos a que nos vendan palomitas como si las estuvieramos pidiendo fiadas o que nos formen en una fila junto (o quizá ya pronto dentro de) el baño mientras que los que reservaron con su tarjeta están casi en mecedoras esperando que habrán la unifila y puedan entrar a ganar lugares, claro que los demás tendremos que entrar a una sala llena y conformarnos con estar en la fila de adelante y tratar de leer los subtitulos como si fuera braille de tan cerca.
Pero claro que eso sólo son algunos ejemplitos, puede haber miles de ellos, desde ser clientes frecuentes en una clínica de uñas enterradas, o llegar a un bar y que te pregunten "lo mismo de siempre?", que peor sería llegar a un hotel con tu esposa y que te dijeran "el mismo cuarto de siempre?", ante su mirada asesina que te recuerda que con ella es la primera vez que vas ahí.
Buenos, pues les dejo dos ejemplos de foto de lo privilegiados que deben sentirse los dos grupos de elegidos a quienes se hace referencia.
El primero porque con el sólo hecho de comprar ahí pueden dejar de ser groseros y maleducados, cosa que algunas personas tardan años en cultivar y ni así pueden.
Y el segundo porque basta sólo con creer en esa parroquia para ser eximido de andar buscando como loco un lugar donde dejar el auto sin que un "viene viene" nos quiera vacunar con unas (muchas) monedas, o que vaya a ser víctima de un "roba tapones" de los antes citados.
Saludos a todos, y digo, de vez en cuando digan si por lo menos extrañaban la lecturita.
Por cierto, no abandonen el cubil del felino, él sigue maullando "inculteces"
http://gatoinculto.blogspot.com/
Podemos justificar de mil formas nuestra condición embarrándole al otro la suya en la cara. Podemos aceptar que tal vez no pertenecemos a determinada elite y que por ello no gozamos de ciertos privilegios.
Podemos por ejemplo decir que no tenemos tarjeta de cliente frecuente en el cine aunque nos arriesguemos a que nos vendan palomitas como si las estuvieramos pidiendo fiadas o que nos formen en una fila junto (o quizá ya pronto dentro de) el baño mientras que los que reservaron con su tarjeta están casi en mecedoras esperando que habrán la unifila y puedan entrar a ganar lugares, claro que los demás tendremos que entrar a una sala llena y conformarnos con estar en la fila de adelante y tratar de leer los subtitulos como si fuera braille de tan cerca.
Pero claro que eso sólo son algunos ejemplitos, puede haber miles de ellos, desde ser clientes frecuentes en una clínica de uñas enterradas, o llegar a un bar y que te pregunten "lo mismo de siempre?", que peor sería llegar a un hotel con tu esposa y que te dijeran "el mismo cuarto de siempre?", ante su mirada asesina que te recuerda que con ella es la primera vez que vas ahí.
Buenos, pues les dejo dos ejemplos de foto de lo privilegiados que deben sentirse los dos grupos de elegidos a quienes se hace referencia.
El primero porque con el sólo hecho de comprar ahí pueden dejar de ser groseros y maleducados, cosa que algunas personas tardan años en cultivar y ni así pueden.
Y el segundo porque basta sólo con creer en esa parroquia para ser eximido de andar buscando como loco un lugar donde dejar el auto sin que un "viene viene" nos quiera vacunar con unas (muchas) monedas, o que vaya a ser víctima de un "roba tapones" de los antes citados.
Saludos a todos, y digo, de vez en cuando digan si por lo menos extrañaban la lecturita.
Por cierto, no abandonen el cubil del felino, él sigue maullando "inculteces"
http://gatoinculto.blogspot.com/

