jueves, 29 de diciembre de 2011

Ojo de gato 06-08-09


Alguna vez leí (aunque parezca un aburrido lectorcillo)... o me contaron (para parecer una persona más social que un aburrido lectorcillo)... o mejor aún, vi en una película de la tele (para no parecer ni aburrido lectorcillo ni chismoso que habla con todo mundo)... o mejor todavía, soñé (para no parecer ni aburrido lectorcillo, ni chismoso que habla con todo mundo, ni ocioso que sólo se la pasa sentado frente a la tele)... o, da lo mismo la verdad...

Igual, me enteré de alguna manera, que en algunas civilizaciones antiguas, se comían a sus seres queridos cuando morían, sobre todo el corazón y el cerebro, eran repartidos entre los más allegados, ésto para conservar su inteligencia y emociones... sus dones más preciados en vida...

Podríamos ponernos a pensar cómo habría sido continuar con estos rituales hoy en día...

¿Quién se apuntaría a comerse el cerebro de alguien que toda su vida tuvo poco interés en ejercitar su intelecto...?digamos alguien que en su vida no quiso saber más allá de la tabla del dos sin una calculadora en la mano (pedir que usara ábaco ya eran palabras mayores)... o que prefería "ver la película" (y si era doblada mucho mejor) que leer el libro... y bueno si quería enterarse de la Biblia se hacía fan de Charlton Heston, aunque terminara confundiendo "El planeta de los simios" o "Green Soilent" con "Los diez mandamientos".

O quizá el corazón del tío que se casó tantas veces que definitivamente las emociones contenidas en esa víscera cardíaca alcanzarían para alimentar a todos aquellos que se acercaran a su funeral.

Cómo escogeríamos a quién comernos y a quién mejor cremar y después decir que se nos pasó de tueste y no alcanzamos a servirnos ni un bocadillo.

Si lo hicieramos eligiendo al que tenía más cualidades como hacían los Aztecas con sus prisioneros al comer a los buenos guerreros para quedarse con su fuerza, pues quizá la verdad seguiríamos solamente con café y galletas en los rituales del adiós.

Cómo entonces decidir, a quien amar y dejar descansar y a quién comernos...?

Bueno, si me presentan tantísimas cualidades de alguien, estoy seguro que yo sí me apunto por lo menos a probar un poquito, nomás para ver qué me quedo...

Y siguiendo esa idea... si hago caso al cartel siguiente, me sigo comiendo a los pollos con muchísimo gusto... los gatos, ya sabemos que aparte de incultos no tienen mayor gracia... espero...

P.D. Gracias a Vonn por esta foto que me regaló de una parte de su travesía terrestre. Besos amor.

Lléguenle con el gato inculto, no lo dejen solo porque se aburre...

http://gatoinculto.blogspot.com/
Javier Grajeda Sandoval

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